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Del oficio de ser negra (literaria) y abanicar al autor si es necesario.

Hace unos años escribí para el suplemento cultural Territorios de El Correo este reportaje sobre los negros, sobre los escritores que escribimos para otros. Os lo adjunto aquí para que podáis saber de qué va nuestro trabajo, que no es nada malo ni oculto, y que está al alcance de todos los que tienen conocimientos y experiencias interesantes para el público pero no saben cómo hacérselas llegar de forma comprensible y amena.

OFICIO EN EL LÍMITE

Yo te lo escribo

El de ‘negro’ o ‘ghost writer’ es un oficio con tradición: desde hace siglos existen autores de libros que firman otros
ELISABETH G. IBORRA

Alejandro Dumas le comenta a su hijo: «Acabo de publicar una nueva novela. ¿La has leído?» Y el hijo responde: «No, ¿y tú?» La conversación quizás nunca llegó a darse, pero viene a ilustrar que el magnánimo autor de ‘Los tres mosqueteros’ no tenía un negro sino una tropa entera escribiendo para él. Lo mismo se insinúa de Stephen King o Tom Clancy, bajo la consideración de que su prolífica obra es una tarea inhumana para una sola persona.

Esta anécdota se susurra por los sótanos del mundillo editorial en los que se oculta, como un auténtico tabú, la existencia de los escritores negros o ‘ghost writers’. Escritores fantasma que pululan por los pasillos de las editoriales para firmar contratos con autores más o menos conocidos. Los hay famosos que ponen la firma y la cara a la hora de la promoción, como quedó patente en el ventilado caso de Ana Rosa Quintana. Pero los que más abundan son los autores que no tienen tiempo para escribir como tarea añadida a su profesión habitual, se hallan en un apuro porque se dan cuenta de que no van a poder cumplir los compromisos adquiridos por contrato, o que no dominan el arte de la divulgación sobre las materias en las que son expertos, o no saben cómo plasmar sus historias en el papel con un estilo inteligible.
¿Quiénes los contratan?
Para cubrir esa demanda, surgen las agencias profesionales, como Escritores Negros (EN), que ironizan: «Trabajamos con cualquiera que esté dispuesto a pagar por nuestros servicios (editoriales, particulares o empresas). Somos muy acogedores en ese sentido». No obstante, «priman los encargos de autores o editoriales que ya tienen firmada o apalabrada la publicación de la obra; si bien el porcentaje de personas con la pretensión de autopublicarse ha crecido respecto a otros años». Por ejemplo, a la agencia de Escritores por Encargo (EPE) les llegan peticiones de «empresarios y personas con poco tiempo o sin los conocimientos necesarios para afrontar un libro». Para EN, es evidente que «los primeros tienen mayores garantías de recuperar la inversión realizada en nosotros, y por tanto, la decisión les es más fácil de tomar».
Se refieren a la decisión del ‘promotor’ del libro de aceptar el presupuesto de la agencia. El cual, según EPE, va en función «del proyecto y del material que haya. No es igual una biografía con los datos ya escritos y en formato digital, que otra en la que hay que grabar y entrevistar a unos ancianos, o una en la que hay que comenzar de cero un libro de autoayuda con cuatro ideas y comunicación continua con quien firmará la obra. Los precios son variables en función del proyecto, el plazo de tiempo, y los desplazamientos».
Tampoco es que lo acepten todo a toda costa.
Las agencias ponen requisitos como los de EN: «Si las exigencias del cliente (plazo, extensión, metodología de trabajo) no son compatibles con nuestras capacidades o disponibilidad, lógicamente preferimos rechazar el encargo a entregar un proyecto que no cumpliría con los criterios mínimos de calidad. Pero antes de tomar esta decisión, procuramos llegar a un punto de encuentro que satisfaga a todas las partes. Escribir es un proceso artesanal, no podemos ni queremos producir en cadena chorizos de tapa dura». Igualmente, EPE rechaza «un 40% de los trabajos que se nos solicitan. Porque no encajan, porque no hay suficiente carta blanca, porque se requiere mucha documentación, o porque los temas son espinosos en exceso».
Los ‘negros’ independientes son menos remilgados. Hete aquí la opinión de uno que va por libre (a quien llamaremos Mario Panero por salvaguardar su imagen como escritor reconocido y con bastantes libros de calidad publicados): «Quien acepta el trabajo de negro literario ha dado un salto moral tan grande, ha cruzado la línea tantas veces, que ya no dice que no a nada. Así pues, el único criterio para rechazar una propuesta es el económico. Si pagan poco, no lo hago. A fin de cuentas, escribir todo un libro bien vale un dinerito. Además, todos los negros sabemos que no hay demasiados negros en el mercado literario, así que no somos baratos». Para qué engañarnos.
Alternativa
De alguna manera, justifica otra escritora fantasma con el alias Amelia Durán, «tenemos que aprovechar ese hueco laboral que se nos presenta como un complemento a un trabajo desagradecido y mal remunerado, puesto que muy pocos escritores que firman con su nombre pueden vivir solo de las ventas de sus libros. Así que muchas veces nos vemos impelidos a aceptar e incluso proponernos como negros para llegar a principios de mes». Eso les ha ocurrido a escritores que hoy en día están hasta premiados pero en su momento necesitaban pagar facturas como fuera, como Juan José Millás, o el citado Mario Panero, que sigue activo: «Como todo el mundo que ha hecho en algún momento de negro, empecé porque recibí una llamada proponiéndome escribir el libro de otra persona. Al principio la propia proposición me pareció indecente, pero entonces me dijeron cuánto pagaban y mi opinión cambió radicalmente. Ahora mismo habré escrito unos ocho libros como negro: ensayos, biografía y ficción. De esos ocho, dos son personas muy conocidas y los otros seis no».
Aquí la típica imagen del escritor bohemio con un ego que le sobrevuela se resquebraja. Ya lo advierten en EPE: «Si tienes ego, no puedes ser negro literario». Y añaden: «Eso del ego del escritor es un cuento que se cura con la edad y con el conocimiento del mercado lector y editorial. Si quieres alabanzas, siempre puedes publicar en la red o un blog. Si vas a ganar dinero con ello, el ego no es un factor». Concuerdan del todo en EN. «El ego del escritor se diluye cuando entiendes que no se puede pagar con él en la carnicería».
Aún más, son capaces de separar el orgullo por su obra personal de la que escriben para otros, hasta el punto que señala Mario Panero: «Jamás hubiera querido firmar ninguno de los libros que he escrito como negro. Y eso que algunos han tenido éxito. Pero no los firmaría jamás porque yo sé que fueron escritos en apenas un mes, que no son literariamente buenos, que incluso el argumento es pobre. Porque uno de los grandes problemas a la hora de hacer de negro es que el argumento o la temática te vienen dados. El ‘escritor’ que firmará el libro quiere dar el argumento, así que tú pasas a ser un amanuense».
¡A mandar!
En efecto, los negros cumplen órdenes, según lo requiera la obra de marras y el autor,
desvelan en EN: «En alguna ocasión hemos tenido que reescribir casi por completo una obra presuntamente acabada, revisando el estilo (amén de la ortografía, sintaxis y gramática), reforzando las tramas y los conflictos, sacando punta a los personajes, ampliando o reduciendo el texto, pero siempre con el consentimiento pleno del autor y manteniendo la línea editorial de la historia que desea contar. Se trata de sacar brillo, no de meter el cadáver debajo de la alfombra».
Ahora bien, prosigue, «lo más usual es empezar de cero, a partir de una idea, sinopsis o borrador, a la que damos forma y fondo, estructuramos y una vez aprobada, desarrollamos. Por suerte, los clientes y autores que nos han tocado hasta ahora han depositado su confianza en nosotros y no ha habido problema alguno al respecto. Es cuestión de mantener una comunicación fluida y honesta en todo momento, respetando sus puntos de vista aunque no los compartamos, sabiendo cuáles son la función y el talento de cada uno y adaptándose a las necesidades que nos demandan (el que paga manda). ¡Sólo eso!»
No es poco, pero hay más, apunta Mario Panero: «Es un ejercicio de estilo impresionante. Un editor te llama y te dice: «¿Puedes escribir un ‘thriller’ en un mes sobre tal o cual tema?». Y en un mes lo has escrito. Con mis propias novelas tardo un par de años. Sin embargo, tengo comprobado que los libros que escribes en un mes sabiendo que no los firmarás, suelen salir muy bien. Al no firmarlos, te quitas toda la presión de encima y, como te importa un bledo el resultado, los escribes con mucha naturalidad. Esa naturalidad es, sin duda, la fuerza del libro y lo que hace que luego funcionen».
Aclarado esto, surge la eterna cuestión, ¿quién es el escritor de verdad, quien escribe o quien firma? Para EPE, «escritor es el que escribe. Escritor profesional el que gana dinero con ello. Y el escritor de verdad, de raza, es el que escribe con diez o quince registros diferentes, y sobre cualquier cosa. Hay muy buenos escritores profesionales, pero sin ideas, y mucha gente con ideas que no sabe plasmarlas».
En EN son más políticamente correctos: «La diferencia está en la obra en sí, independientemente de si la ha escrito un profesional o un
entusiasta de la literatura. El escritor de la misma no es más que una herramienta para que el relato salga adelante, se plasme en papel. Desde Homero, todos somos imitadores voluntariosos».
Mucho menos romántico, Mario Panero lo expresa sin paños calientes: «El escritor de verdad soy yo, pero, a ojos de la gente, es el que me trae la historia. Son ‘escritores’ que están muy ocupados porque, como dice esa especie de refrán del mundo de la cultura: «Los escritores famosos tienen cosas más importantes que hacer que escribir libros. Para escribirlos, ya estamos los negros».

¿Pero esto es legal?

En Tregolam, una plataforma de escritores ‘on line’ que ofrece servicios de corrección y edición de textos, se niegan a escribir para otros porque, a su juicio, «eso de los ‘negros’ no puede darse porque es ilegal. Puede que haya obras que en su corrección de estilo requieran ciertos retoques, pero no hasta el punto de alterarla significativamente». Los de EPE responde indignados: «¿Ilegal? Creo que es más ilegal escribir en un periódico de becario, la verdad. No tiene nada de ilegal. Se escribe por encargo y se ceden los derechos bajo contrato. Punto».
Consultamos a la agencia Sandra Bruna, que representa a autores ante las editoriales, y confirman su legalidad: «Está todo muy regulado y si es aceptado por ambas partes, no tiene por qué haber ningún problema, siempre que haya un contrato donde se especifiquen todos los compromisos que adquiere el escritor negro, su forma de remuneración por anticipo o por royalties de las liquidaciones, el anonimato y la confidencialidad obligada de no desvelar nunca el nombre del autor firmante». Eso sí, «siempre debe haber un contrato porque si no, el negro se verá incapacitado para reclamar sus derechos como escritor de la obra», observan.
Por ejemplo, sus derechos de autor quedan liquidados por el anticipo cobrado, con lo cual, aunque sea un exitazo, no volverá a ver beneficios pese a ser mérito suyo, cosa que ‘duele’, confiesan en EPE. Por eso a veces contratan «una comisión por ventas» y si resulta ser un ‘bestseller’ saldrán mejor parados.
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